25.12.11

El regreso a la piel de Toro



Una semana desde mi llegada a España tras casi 8 meses. Una semana que me ha sabido agridulce. Volver a ver a la familia y las amistades siempre es algo que alegra el corazón, ver que todo el mundo está bien, que la gente sigue con su vida prácticamente igual que cuando me marché, apenas algunos cambios insignificantes.

Para siempre quedarán en mi recuerdo todos y cada uno de los momentos vividos en Alemania, un antes y un después en mi vida, un país que marcará en mi vida una forma diferente de hacer las cosas, una forma diferente de pensar y de sentir.

La primera noche a mi regreso, me quedé abrumado de la cantidad de cosas que tenía en casa, entre ellas ropa que no me ponía desde hacía ya no solo los mese que llevaba fuera, si no mucho más atrás. Así que en un ataque de locura desenfrenada e impulsiva me puse a hacer una limpieza sin escrúpulos y llené 4 bolsas enormes con ropa y calzado que no usaba desde hacía mucho tiempo.

Llevo una semana deshaciéndome de todo aquello que no he necesitado en 8 meses, lo cual quiere decir que no necesitaré prácticamente nunca. Se acabó el guardar cosas y almacenar. Hay mucha gente mil veces más necesitada que yo que seguramente le vendrá muy bien todo de lo que no quiero ni necesito. Allí me acostumbré a vivir con 4 cosas y pretendo seguir así. 

Doy un tijeretazo radical al consumismo y a comprar sin necesidad, se acabó. 8 meses sin ver la tv me han ayudado a desintoxicarme de toda la mierda que llevaba encima, nada va a cambiar si se o no se tal o cual noticia, lo único que va a conseguir es hacerme más infeliz y me niego. Se acabó.

Extrañaré a muchas personas, pero entre todas ellas siempre destacará esa alemana de tirabuzones dorados y mirada turquesa que me ha arrebatado el corazón, Sofia. Esa diminuta personita de 2 añitos y medio que me esperaba el último día que iba a visitarla a ella y sus padres con dos dibujos como regalo de Navidad.



2 comentarios:

  1. Uy uy uy... una foto del toro fascista... cojones ya!

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  2. Carlos Drummond de Andrade. Pasaje del año

    El último día del año
    no es el último día del tiempo.
    Otros días vendrán
    y nuevos muslos y vientres te comunicarán el calor de la vida.
    Besarás bocas, rasgarás papeles,
    harás viajes y tantas celebraciones
    de aniversario, graduación, promoción, gloria,
    dulce muerte con sinfonía y coral,
    que el tiempo quedará repleto y no oirás el clamor,
    los irreparables aullidos
    del lobo, en la soledad.

    El último día del tiempo
    no es el último día de todo.
    Queda siempre una franja de vida
    donde se sientan dos hombres.
    Un hombre y su contrario,
    una mujer y su pie,
    un cuerpo y su memoria,
    un ojo y su brillo,
    una voz y su eco,
    y quien sabe si hasta Dios…

    Recibe con simplicidad este presente del acaso.
    Mereciste vivir un año más.
    Desearías vivir siempre y agotar la borra de los siglos.
    Tu padre murió, tu abuelo también.
    En ti mismo mucha cosa ya expiró, otras acechan la muerte,
    pero estás vivo. Una vez más estás vivo.
    Y con la copa en la mano
    esperas amanecer.

    El recurso de embriagarse.
    El recurso de la danza y del grito,
    el recurso de la pelota de colores,
    el recurso de Kant y de la poesía,
    todos ellos… y ninguno resuelve nada.

    Surge la mañana de un nuevo año.

    Las cosas están limpias, ordenadas.
    El cuerpo gastado se renueva en espuma.
    Todos los sentidos alerta funcionan.
    La boca está comiendo vida.
    La boca está atascada de vida.
    La vida escurre de la boca,
    mancha las manos, la vereda.
    La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia.

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Ejcrive todo loqe te de lagana, porfabor cuida tu gramatik i cuyda las vuenas formas, ala ora de desir cosas, piensa qeay mas jente qe las lera, asi qe no agas el ridiculo.

Alfredito Chema Pamundi (el alludante intelijente del Loorme).